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LA EXPOSICIÓN DE OTTO DIX ENVOLVER A MUSEO

Volver a MUSEO

 

Me habría gustado conversar un poco con Otto Dix antes de ponerme a escribir acerca de su obra porque, después de recorrer y analizar la exposición en la Fundación Telefónica, me he quedado con una duda, no terrible ni mortificante, pero lo suficientemente fuerte como para hacerme pensar por más de un rato corto.
Cuando él pintaba, ¿Conservaba todos sus trabajos o, como yo lo hago, botaba los que le parecían malos?
¿Por qué me pregunto esto? La respuesta es fácil. Cuando uno observa las láminas del señor Dix de inmediato se da cuenta de que el objeto de su trabajo no es decorativo ni experimental, sino la comunicación. Y si uno después se va a investigar acerca de este pintor obtiene, efectivamente, que su intención era expresar con la imagen lo que no decía con palabras. Como, por ejemplo, los cuadros con temática de guerra, lo que el pretendía era mostrar a la gente, a los niños especialmente, cuan horrorosa era la experiencia de una guerra de modo que ellos tomaran lecciones de lo que veían y no quisieran que algo así se repitiese.
Todo eso funciona de maravillas en la mayoría de las láminas. Uno puede ver y casi sentir el disgusto -no, más que el disgusto- de las situaciones que inspiraron "El vendedor de fósforos" o "Avenida Praga". No tomar el mensaje de horror de "Muertos delante de la posición de Tahure" es simplemente imposible.
Sin embargo había algunos cuadros que resultaban insípidos ante toda esa elocuencia a su alrededor. Yo no sé si eran cuadros menos buenos o era su posición entre los otros cuadros lo que disminuía su efecto.
Por ejemplo, la lámina "Cráneo". Esta aguafuerte representa un cráneo humano en estado de putrefacción con muchos gusanos saliendo de las órbitas de sus ojos, los orificios de la nariz y por entre las mandíbulas. El detalle más relevante del dibujo es que aún quedan restos de pelo y bigotes adheridos al hueso, haciendo una especie de ancla entre lo que es ahora, sólo un hueso inerte, y lo que fue, parte de un ser humano, un varón con vida.
Pero, a pesar de esta franqueza, todo lo explícito que hay en los huesos, la putrefacción, los gusanos y los pelos, este cuadro no es realmente impactante. No hay dolor, ni violencia, ni un malestar extremo en él. Haciendo una comparación algo extraña, este cuadro, para mí, es como uno de esos gordos tatuados, vestidos de cuero negro y forrados en cadenas montados en grandes Harley Davidson; se ven rudos, pero, ¿lo son realmente?
En cambio, justo al lado de "Cráneo" (de hecho, ambas pinturas están separadas del resto) está "Alambrada frente a las trincheras", una obra magnífica a mi parecer. Con sólo trazos dispuestos de forma de dar la impresión de personas y objetos, Otto Dix logró en este cuadro expresar la agresividad, el miedo, la oscuridad y todas esas cosas malvadas y erróneas de la guerra. No hay sangre, no hay entrañas repartidas por el suelo en la imagen, pero la muerte y el dolor están allí presentes mucho más que en la franqueza de "Cráneo".
Así que esa es mi duda. ¿Es cráneo una obra inferior que Dix no supo lograr como a las otras? ¿O acaso el pintor no pretendía más de este dibujo?
Tal vez todo se deba a que el efecto de "Cráneo" se ve disminuido al tener de vecina a una obra tan sobresaliente como lo es "Alambrada frente a las trincheras" o simplemente a que yo estoy ya estoy acostumbrada a ver cráneos putrefactos en la televisión, en las revistas, en los cómics y en los videojuegos, y que esas cosas simplemente ya no me impresionan.
Por eso me habría gustado hablar con Otto Dix antes de escribir este ensayo, para no quedarme con la duda…

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GRAFICA CRITICA DE OTTO DIX EN LA SALA FUNDACION TELEFONICA

Otto Dix

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